Google apuesta por la energía de fusión nuclear mientras sus emisiones de carbono siguen creciendo

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El gigante tecnológico ha firmado un acuerdo para comprar energía de una futura planta de fusión, una tecnología prometedora pero aún experimental. Sin embargo, esta solución a largo plazo no ayudará a la compañía a cumplir sus urgentes objetivos climáticos para 2030, en un momento en que su huella de carbono no para de aumentar.

Google ha anunciado un importante acuerdo para comprar electricidad de una futura central de energía de fusión nuclear, una tecnología a menudo descrita como el «santo grial» de la energía limpia. La compañía ha llegado a un acuerdo con la empresa Commonwealth Fusion Systems (CFS), en la que también es inversora, para mostrar su confianza en el potencial de esta fuente de energía para alimentar sus cada vez más demandantes centros de datos.

Sin embargo, este movimiento estratégico a largo plazo contrasta fuertemente con la realidad actual de la compañía. El anuncio se produce pocos días después de la publicación del informe de sostenibilidad más reciente de Google, que revela una preocupante tendencia: sus emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado más de un 50% desde 2019. Este incremento aleja a la empresa de su propio y ambicioso objetivo de reducir sus emisiones a la mitad para 2030. En el mejor de los casos, la energía de fusión no estará disponible a tiempo para ayudar a corregir este rumbo.

Un acuerdo a futuro para un problema presente

El acuerdo especifica que Google comprará 200 megavatios (MW) de «futura energía libre de carbono» a CFS. Este tipo de contratos, conocidos como acuerdos de compra de energía (o PPA, por sus siglas en inglés), son habituales para financiar nuevos proyectos de energías renovables como parques eólicos o solares. La gran diferencia aquí es la incertidumbre del plazo: la fusión nuclear comercial es una promesa que aún no se ha materializado.

«En nuestra opinión, es una tecnología que cambiará el mundo», explicó Michael Terrell, director de energía avanzada de Google, en una llamada con periodistas el viernes, según recoge The Verge. «Sí, todavía hay serios desafíos de física e ingeniería que tenemos que superar para que sea comercialmente viable y escalable. Pero es algo en lo que queremos invertir ahora para hacer realidad ese futuro».

Esta inversión de futuro choca con los datos del presente. En 2021, Google se comprometió a reducir su contaminación climática en un 50% para finales de la década, tomando como referencia sus niveles de 2019. No obstante, el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial (IA) ha disparado la demanda energética de sus centros de datos, provocando que sus emisiones, en lugar de disminuir, hayan aumentado drásticamente.

El «santo grial» de la energía limpia: ¿qué es la fusión nuclear?

La comunidad científica ha perseguido la fusión nuclear controlada durante más de medio siglo. La idea es replicar el proceso que ocurre en el interior de las estrellas, como nuestro Sol. En su núcleo, los átomos de hidrógeno se fusionan a temperaturas y presiones extremas, creando helio y liberando una cantidad ingente de energía. Si se logra controlar este proceso en la Tierra, se podría obtener una fuente de energía prácticamente ilimitada y libre de emisiones de carbono.

El desafío es inmenso. Para lograr la fusión es necesario alcanzar temperaturas de más de 100 millones de grados Celsius. A diferencia de la fisión nuclear, que es la tecnología utilizada en las centrales nucleares actuales y que consiste en dividir átomos pesados (generando residuos radiactivos de larga duración), la fusión une átomos ligeros y sus subproductos no son peligrosos a largo plazo.

Hasta ahora, el camino ha sido lento y costoso. No fue hasta 2022 cuando los científicos del Lawrence Livermore National Laboratory en Estados Unidos lograron, por primera vez en la historia, un hito significativo: una reacción de fusión que produjo más energía de la que se utilizó para iniciarla.

Una carrera tecnológica con plazos inciertos

Commonwealth Fusion Systems (CFS), una empresa surgida del MIT, asegura que la tecnología avanza lo suficientemente rápido como para conectar su primera central de fusión a la red eléctrica en Virginia a principios de la década de 2030. La elección de Virginia no es casual: es el hogar del llamado «data center alley«, la mayor concentración de centros de datos del mundo. Actualmente, CFS está construyendo su planta piloto en Massachusetts.

Sin embargo, muchos expertos en energía con los que The Verge ha hablado a lo largo de los años se muestran más cautelosos y creen que podrían pasar décadas antes de que la fusión sea una opción comercialmente viable.

Google y CFS no están solos en esta carrera. En 2023, Microsoft firmó un acuerdo similar para comprar energía a Helion Energy, otra startup que promete tener su generador de fusión listo para 2028, un plazo aún más ambicioso. El interés del sector privado es evidente: en los últimos años, las startups de fusión han atraído unos 8.000 millones de dólares (aproximadamente 7.400 millones de euros) en inversiones, informó el Washington Post la semana pasada.

La estrategia de Google: una pieza más en un puzle energético complejo

La apuesta de Google por la fusión no es nueva. La compañía realizó una inversión inicial en CFS en 2021 y ahora ha confirmado una segunda inyección de capital, aunque no se han revelado las cifras. Además, Google ha sido inversor en otra empresa del sector, TAE Technologies, desde 2015.

A pesar del ruido mediático, es crucial poner este acuerdo en perspectiva. Los 200 MW del contrato con CFS son una pequeña fracción del total de su cartera de energía limpia. Según su propio informe, Google ha firmado más de 170 acuerdos desde 2010 para comprar 22.000 MW de energía limpia, principalmente de proyectos solares y eólicos, tecnologías que considera soluciones más factibles a corto plazo.

En definitiva, el acuerdo con CFS representa una apuesta audaz y a largo plazo por una tecnología revolucionaria. Es un movimiento que posiciona a Google a la vanguardia de la innovación energética, pero que, por sí solo, no resolverá el creciente problema de su huella de carbono ni le ayudará a cumplir las promesas climáticas que tiene sobre la mesa para esta década.