La estrategia de Trump para la IA: priorizar el crecimiento sobre la regulación para competir con China

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El expresidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, está delineando una estrategia para la inteligencia artificial (IA) que, de regresar a la Casa Blanca, supondría un giro de 180 grados respecto a las políticas actuales. Aconsejado por un influyente círculo de multimillonarios tecnológicos, entre los que destaca Elon Musk, Trump planea desmantelar las regulaciones y barreras de seguridad para acelerar el desarrollo tecnológico y asegurar la supremacía estadounidense frente a China. Esta visión, centrada en el crecimiento a toda costa, choca frontalmente con el enfoque de la administración de Joe Biden, que ha priorizado la gestión de los riesgos asociados a esta poderosa tecnología.

Una visión de ‘America First’ para la inteligencia artificial

La filosofía que inspira la potencial política de IA de un segundo mandato de Trump es clara: mínima intervención gubernamental y máxima libertad para el sector privado. Según un reciente reportaje de The New York Times, que cita a personas cercanas a las conversaciones, el expresidente concibe la IA como un campo de batalla crucial en su agenda de «America First». El objetivo no es solo competir, sino alcanzar una «dominación estadounidense» indiscutible en este ámbito.

Para lograrlo, Trump se apoya en las ideas de un grupo de asesores informales compuesto por algunas de las figuras más prominentes y controvertidas de Silicon Valley. A través de cenas y llamadas telefónicas, personalidades como Elon Musk, el inversor Peter Thiel y el fundador de la empresa de defensa Anduril, Palmer Luckey, están moldeando una estrategia que aboga por eliminar lo que consideran «trabas burocráticas».

Vivek Ramaswamy, ex-candidato presidencial y ahora un firme aliado de Trump, ha calificado el enfoque de la administración Biden de «paralizante» para la innovación estadounidense. La propuesta del bando de Trump incluye, entre otras medidas, reducir la financiación pública destinada a la investigación sobre la seguridad y la ética de la IA, con el argumento de que dichos esfuerzos ralentizan el progreso frente a un adversario como China, que no se detiene ante tales consideraciones.

El influyente círculo de multimillonarios tecnológicos

El principal susurrador al oído de Trump en materia de IA parece ser Elon Musk. El CEO de Tesla y SpaceX, quien ha advertido públicamente en repetidas ocasiones sobre los «riesgos existenciales» de una IA sin control, mantiene conversaciones regulares con Trump sobre cómo asegurar el liderazgo estadounidense. Según informa The New York Times, Musk ha transmitido al expresidente la necesidad de un desarrollo acelerado.

Esta postura coincide con sus intereses comerciales. Musk está en proceso de recaudar 6.000 millones de dólares (aproximadamente 5,6 mil millones de euros) para su nueva empresa, xAI, con el objetivo de competir directamente con gigantes como OpenAI y Google. Un entorno regulatorio más laxo beneficiaría directamente a su proyecto, permitiéndole avanzar con menos restricciones.

Otro asesor clave es Palmer Luckey, fundador de Oculus VR (vendida a Facebook) y ahora al frente de Anduril Industries, una compañía de tecnología de defensa valorada en casi 10.000 millones de dólares (unos 9,3 mil millones de euros). Anduril se especializa en aplicar la IA a drones y sistemas de vigilancia militar. Luckey defiende abiertamente que, en la carrera contra China, Estados Unidos debe priorizar la victoria a corto plazo y preocuparse por las «barreras de protección» más adelante.

Este enfoque de «ganar primero» es compartido por otros miembros del círculo, como Peter Thiel, conocido por sus inversiones disruptivas y su ideología libertaria, que favorece un mercado libre de interferencias estatales.

Un choque frontal con la política de la Casa Blanca

La estrategia que está tomando forma en el entorno de Trump representa la antítesis de la política implementada por el presidente Joe Biden. En octubre de 2023, la Casa Blanca emitió una ambiciosa orden ejecutiva con el objetivo de gobernar el desarrollo de la IA de manera «segura y fiable».

Esta orden establece una serie de directrices para las agencias federales, exigiendo a las empresas que desarrollan los modelos de IA más potentes compartir sus resultados de pruebas de seguridad con el gobierno. Su meta es proteger a los consumidores, promover la equidad y gestionar los riesgos para la seguridad nacional, desde la ciberseguridad hasta las amenazas biológicas.

Gina Raimondo, la Secretaria de Comercio de Biden, ha defendido esta política como un intento de «equilibrar la innovación con la responsabilidad». La administración actual sostiene que, para aprovechar los beneficios de la IA, es fundamental construir un marco de confianza que mitigue sus peligros.

Los asesores de Trump, sin embargo, ven estas medidas como un obstáculo innecesario. Su plan, según el reportaje del Times, pasaría por derogar la orden ejecutiva de Biden y revertir cualquier esfuerzo regulatorio, devolviendo el poder casi absoluto a las empresas tecnológicas.

Los riesgos de una carrera sin barreras de protección

La perspectiva de una desregulación masiva en un campo tan transformador como la inteligencia artificial ha encendido las alarmas entre numerosos expertos y exfuncionarios. Advierten que un enfoque de «crecimiento a toda costa» ignora deliberadamente los graves peligros que ya están emergiendo.

Afua Bruce, quien dirigió el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología bajo la administración Biden, señaló para The New York Times que una carrera sin frenos podría exacerbar la propagación de desinformación, automatizar la pérdida de empleos a una escala sin precedentes y reforzar los sesgos algorítmicos que discriminan a ciertos grupos de la población.

Además, existe la preocupación de que una política tan laxa concentre un poder inmenso en manos de un puñado de empresas tecnológicas, las únicas con los recursos para desarrollar los modelos de IA más avanzados. Esto podría sofocar la competencia a largo plazo y crear monopolios de facto con una influencia desmesurada sobre la sociedad y la economía.

La disyuntiva para Estados Unidos es clara. Por un lado, la visión de Trump y sus asesores, que apuesta por la velocidad y la desregulación para ganar la carrera geopolítica. Por otro, la de Biden, que busca un avance tecnológico cimentado en la seguridad y la responsabilidad. El resultado de las próximas elecciones presidenciales determinará cuál de estos dos futuros radicalmente distintos se impondrá, con consecuencias que se sentirán mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos.