Google contrata a la cúpula de Windsurf y desbarata el acuerdo de 3.000 millones de dólares con OpenAI

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En un movimiento que ha sacudido los cimientos del sector de la inteligencia artificial, el esperado acuerdo de adquisición de la startup de codificación con IA Windsurf por parte de OpenAI se ha venido abajo. En un giro dramático, Google ha intervenido para contratar al CEO, al cofundador y a varios investigadores clave de Windsurf, dejando el futuro de la prometedora startup en el aire y redibujando el mapa de la competencia en el lucrativo campo de la IA.

Un acuerdo multimillonario que se esfuma

Todo parecía encaminado para que OpenAI cerrara una de las adquisiciones más sonadas del año. La compañía detrás de ChatGPT tenía sobre la mesa un acuerdo para comprar la viral startup Windsurf por la asombrosa cifra de 3.000 millones de dólares (unos 2.800 millones de euros). Sin embargo, el viernes todo se desmoronó, según informó inicialmente The Verge.

El colapso del acuerdo se produjo poco después de que la revista Fortune publicara que el período de exclusividad de la oferta de OpenAI había expirado, lo que dejaba a Windsurf en libertad para explorar otras opciones. Y no parece que tardaran mucho en hacerlo.

Fuentes cercanas a la operación habían señalado previamente que esta adquisición era un importante punto de tensión en la renegociación del contrato entre OpenAI y su principal socio, Microsoft. Según el Wall Street Journal, OpenAI no deseaba que la valiosa propiedad intelectual de Windsurf en codificación con IA pasara a manos de Microsoft, que actualmente tiene acceso a toda la tecnología de OpenAI.

La sorprendente jugada de Google y el «reverse-acquihire»

La sorpresa fue mayúscula cuando se supo que Google DeepMind era el nuevo protagonista de la historia. En lugar de una adquisición tradicional, Google ha optado por una estrategia cada vez más común en Silicon Valley: un «reverse-acquihire» o adquisición inversa de talento.

Google ha confirmado a TechCrunch la contratación del CEO de Windsurf, Varun Mohan, del cofundador, Douglas Chen, y de parte de su equipo de investigadores más destacados. Según un informe de Bloomberg, Google pagará 2.400 millones de dólares (aproximadamente 2.230 millones de euros) por estas contrataciones y por una licencia no exclusiva sobre cierta tecnología de Windsurf.

Es crucial destacar que Google no adquiere una participación en Windsurf ni tendrá control sobre la compañía. La startup sigue siendo independiente y libre de licenciar su tecnología a otras empresas.

«Estamos entusiasmados de dar la bienvenida a Google DeepMind a algunos de los mejores talentos en codificación con IA del equipo de Windsurf para avanzar en nuestro trabajo de codificación agéntica», declaró Chris Pappas, portavoz de Google, en un correo electrónico a TechCrunch.

Esta táctica permite a gigantes tecnológicos como Google absorber talento de élite y tecnología puntera sin enfrentarse al intenso escrutinio regulatorio que suelen conllevar las adquisiciones completas. No es la primera vez que se ve una operación de este tipo. Microsoft hizo un movimiento similar al contratar a Mustafa Suleyman, cofundador de Inflection AI, y Google ya había recuperado a Noam Shazeer, CEO de Character.AI, mediante una operación parecida.

Windsurf: un futuro incierto tras la fuga de talento

Mientras Google celebra su nueva adquisición de talento, el futuro de Windsurf queda sumido en la incertidumbre. La propia empresa era una de las estrellas más brillantes del ecosistema de IA. TechCrunch informó en abril que sus ingresos anuales recurrentes (ARR, por sus siglas en inglés) habían alcanzado los 100 millones de dólares (unos 93 millones de euros), un salto espectacular desde los 40 millones (unos 37 millones de euros) que registraba pocos meses antes. Este crecimiento vertiginoso fue lo que atrajo a pretendientes como OpenAI y, finalmente, a Google.

Tras la marcha de su cúpula, Jeff Wang, hasta ahora director de negocio, asumirá el cargo de CEO interino, según anunció él mismo en redes sociales. La mayor parte de la plantilla de Windsurf, compuesta por unas 250 personas, no se trasladará a Google y continuará ofreciendo sus herramientas de codificación con IA para clientes empresariales.

En un comunicado conjunto a TechCrunch, los fundadores salientes, Mohan y Chen, declararon: «Estamos emocionados de unirnos a Google DeepMind junto con parte del equipo de Windsurf. Estamos orgullosos de lo que Windsurf ha construido en los últimos cuatro años y estamos deseando ver cómo avanza con su equipo de clase mundial y da comienzo a la siguiente fase».

Sin embargo, la historia reciente sugiere que el camino no será fácil. Otras startups que han visto cómo sus líderes eran contratados por gigantes tecnológicos han sufrido las consecuencias. Scale AI perdió clientes importantes tras un acuerdo similar con Meta, mientras que Inflection AI tuvo que pivotar su modelo de negocio por completo y abandonar la IA para consumidores tras su acuerdo con Microsoft. Parece probable que Windsurf pueda enfrentarse a un destino similar.

La guerra por el talento en la codificación con IA

Este episodio subraya la feroz competencia que se vive en el sector de la inteligencia artificial, especialmente en el área de las herramientas de programación. La incorporación del equipo de Windsurf supone un impulso significativo para la capacidad de Google en este campo.

Los proveedores de modelos de IA se han centrado cada vez más en ofrecer aplicaciones de codificación para atraer a los desarrolladores. Anthropic ha aumentado considerablemente sus ingresos gracias a su herramienta Claude Code, y OpenAI sigue promocionando Codex, su propio agente de codificación, entre los ingenieros de software. Con este movimiento, Google no solo fortalece su posición, sino que también debilita a un competidor directo al arrebatarle una adquisición estratégica.

El tablero de la IA ha cambiado de nuevo. Google ha ganado una batalla importante en la guerra por el talento, OpenAI ha sufrido un revés inesperado y una de las startups más prometedoras del sector se enfrenta ahora a su mayor desafío: sobrevivir sin los líderes que la llevaron a la cima.