Keach Hagey, periodista del Wall Street Journal, ha publicado recientemente una biografía titulada “The Optimist: Sam Altman, OpenAI, and the Race to Invent the Future” (El Optimista: Sam Altman, OpenAI y la carrera por inventar el futuro). En ella, Hagey examina la figura de Sam Altman, cofundador y CEO de OpenAI, y argumenta por qué considera que está singularmente preparado para el momento actual, obsesionado con la inteligencia artificial. El libro, también disponible como audiolibro en Spotify, traza la trayectoria de Altman desde su infancia en el Medio Oeste hasta sus roles en la startup Loopt, la aceleradora Y Combinator y, finalmente, al frente de OpenAI.
En una entrevista con TechCrunch, Hagey profundizó en varias facetas de Altman, desde su capacidad de negociación hasta la polémica estructura de OpenAI y las preocupaciones sobre su fiabilidad.
«Nacido para este momento»: El arte de la negociación según Altman
Uno de los aspectos más destacados por Hagey es la habilidad innata de Altman para la negociación. La biógrafa sugiere que esta cualidad lo hace especialmente idóneo para el contexto actual, llegando a afirmar: "Siento que Sam Altman ha nacido para este momento, porque es un hacedor de tratos".
Esta capacidad se ha puesto de manifiesto, según Hagey, en su interacción con la administración Trump para impulsar gigantescos acuerdos para centros de datos, un proyecto que implicaba una inversión de 50.000 millones de dólares (aproximadamente 46.000 millones de euros). "Trump no respeta nada tanto como un gran acuerdo con una gran etiqueta de precio, y en eso es en lo que Sam Altman es realmente genial", explicó Hagey a TechCrunch. Esta confluencia de intereses en proyectos de gran envergadura, a pesar de las diferencias políticas, subraya el pragmatismo de Altman.
Hagey describe la política de Altman como "bastante tradicionalmente progresista", lo que hace aún más llamativa su capacidad para navegar y cerrar acuerdos con figuras de espectros ideológicos opuestos. "Su éxito en la administración Trump ha sido fascinante porque ha sido capaz de encontrar su única área de coincidencia, que es el deseo de construir muchos centros de datos, y simplemente redoblar eso y no hablar de ninguna otra cosa", señaló.
El «Blip» y la inestable estructura de OpenAI
La biografía también arroja nueva luz sobre los dramáticos días de noviembre de 2023 en los que Altman fue despedido y rápidamente reincorporado como CEO de OpenAI, un episodio que los empleados de la compañía ahora denominan "el Blip". Para Hagey, este intento fallido de destitución reveló que la compleja estructura de OpenAI —una empresa con fines de lucro controlada por una junta directiva sin fines de lucro— "no es estable".
A pesar de que OpenAI dio marcha atrás en sus planes de permitir que el lado con fines de lucro tomara el control, manteniendo el control en manos de la entidad sin ánimo de lucro, Hagey predijo en la entrevista con TechCrunch que este "acuerdo fundamentalmente instable" seguirá "haciendo dudar a los inversores".
Cuando se le preguntó si esto podría dificultar que OpenAI recaude los fondos necesarios para continuar, Hagey respondió que "absolutamente" podría ser un problema. No obstante, añadió: "Mi investigación sobre Sam sugiere que él bien podría estar a la altura de ese desafío. Pero el éxito no está garantizado". Hagey argumentó que el "Blip" evidenció cómo funciona realmente el poder: "Cuando tienes partes interesadas, incluso si hay un papel que dice que no tienen derechos, todavía tienen poder. Y cuando quedó claro que todos en la empresa se irían a Microsoft si no reinstauraban a Sam Altman, reinstauraron a Sam Altman".
El perfil de Altman: Entre el visionario y el «vendedor»
La relación entre Hagey y Altman durante la investigación del libro tuvo sus matices. Altman, inicialmente, no estaba contento con el proyecto y expresó reservas, como la idea de que se tiende a centrar demasiado la atención en individuos en lugar de organizaciones o movimientos amplios, y que era demasiado pronto para evaluar el impacto de OpenAI. Hagey, sin embargo, defendió la pertinencia de una biografía, argumentando a TechCrunch: "Este proyecto era para analizar a una persona, no a una organización. Y también creo que Sam Altman se ha posicionado de una manera en la que sí importa qué tipo de elecciones morales ha tomado y cuál ha sido su formación moral, porque el amplio proyecto de la IA es realmente un proyecto moral".
Tras un "largo periodo de negociación", Altman finalmente cooperó, concediendo varias entrevistas extensas. Aunque participó, Altman tuiteó que no leería el libro, una postura que Hagey comparó con su propia aversión a ver sus apariciones en televisión.
Una de las cuestiones recurrentes en el libro es la confiabilidad de Altman. Hagey lo describe como un "vendedor" excepcional, capaz de "entrar en una habitación y convencer a la gente de que puede ver el futuro". Sin embargo, esta misma habilidad ha llevado a que algunas personas, tras observar que "lo que dice no siempre se corresponde con la realidad", hayan perdido la confianza en él. "Esto sucedió tanto en su primera startup como, muy famosamente, en OpenAI, así como en Y Combinator. Así que es un patrón, pero creo que es una crítica típica de las personas que tienen el conjunto de habilidades de un vendedor", matizó Hagey.
Además, la biógrafa detalla problemas de gestión, señalando que Altman "no es muy bueno lidiando con el conflicto, así que básicamente le dirá a la gente lo que quiere oír". Esto, según Hagey, ha causado "mucho 'sturm und drang' (tempestad y tensión) en las filas directivas".
Raíces e influencias: La forja de un líder en IA
Hagey explora en profundidad los antecedentes familiares de Altman y cómo estos han moldeado su carácter. Destaca el idealismo de su padre, Jerry Altman, un hombre interesado en las asociaciones público-privadas y el poder del gobierno para establecer políticas, y la "increíble ambición" de su madre, dermatóloga y madre de cuatro hijos.
La biógrafa también menciona que Altman fue "una persona bastante ansiosa durante gran parte de su vida", algo que él mismo ha reconocido. Sus experiencias personales, como crecer siendo un joven gay en el Medio Oeste, también fueron formativas. Según Hagey, estos desafíos "lo forjaron en la escuela secundaria como una persona valiente que podía levantarse y enfrentarse a una sala como orador público, pero también moldearon su visión optimista del mundo". El hecho de que ahora esté casado y tenga un bebé es algo que, según Hagey, habría sido "inimaginable" en los años 80 o 90, y ver el progreso social de forma tan tangible "ha ayudado a consolidar su fe en el progreso".
Esta fe en el progreso se alinea con su visión sobre el desarrollo de la IA. Altman, según Hagey, ha creído durante mucho tiempo que el gobierno debería ser el principal financiador y guía de la investigación en IA, inspirándose en modelos como los laboratorios Bell o Xerox PARC del siglo XX, que aunque privados, contaban con una importante financiación gubernamental.
La política de Altman y el «universo de la exageración» de la IA
A pesar de sus políticas "tradicionalmente progresistas", donde cree que el gobierno debe usar los ingresos fiscales para resolver problemas, Altman ha demostrado un gran pragmatismo. Su capacidad para encontrar puntos en común con administraciones dispares, como la de Trump en el caso de los centros de datos, es un ejemplo de ello.
Finalmente, Hagey abordó el fenómeno del "universo de la exageración" que rodea a la IA, donde conviven visiones extremadamente utópicas con advertencias catastrofistas. "Veo esas dos visiones —que parecen muy distantes— como parte de la misma visión, que es que la IA es súper importante y va a transformar completamente todo", comentó a TechCrunch. "Veo a los 'doomers' (catastrofistas) y a los 'boomers' (entusiastas) alimentándose mutuamente y siendo parte del mismo tipo de universo de exageración".
La propia Hagey admitió que, aunque inicialmente era más escéptica sobre el poder transformador de la IA, ahora lo es menos porque la utiliza "mucho más recientemente, porque ha mejorado mucho".
La biografía de Keach Hagey ofrece así un retrato complejo y multifacético de Sam Altman, una figura central en la actual revolución de la inteligencia artificial, presentándolo como un individuo con talentos excepcionales para la negociación y la recaudación de fondos, pero no exento de contradicciones y desafíos en su liderazgo y en la propia estructura de la organización que dirige.






