De la minería de criptomonedas a decamillonario: el CEO de CoreWeave amasa una fortuna de 10.000 millones de dólares en tres meses

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En un espectacular ascenso que refleja la fiebre actual por la inteligencia artificial, el cofundador y CEO de CoreWeave, Michael Intrator, ha visto cómo su patrimonio neto se disparaba hasta alcanzar los 10.000 millones de dólares (aproximadamente 9,2 mil millones de euros). Este hito se ha producido en apenas tres meses desde que su empresa, un proveedor especializado en infraestructura en la nube para IA, saliera a bolsa. La historia de CoreWeave es una de las más singulares del sector tecnológico actual: una transición vertiginosa desde sus orígenes en la minería de criptomonedas hasta convertirse en un pilar fundamental para gigantes como OpenAI y Microsoft.

Un ascenso meteórico impulsado por la inteligencia artificial

El viaje de CoreWeave hacia la estratosfera financiera comenzó oficialmente en marzo de 2025 con su Oferta Pública de Venta (OPV), que se convirtió en la mayor salida a bolsa de una empresa tecnológica en lo que va de año. La compañía logró recaudar 1.500 millones de dólares (unos 1,38 mil millones de euros). Sin embargo, la operación tuvo un sabor agridulce, ya que según informes anteriores de TechCrunch, los fundadores aspiraban a una cifra mucho mayor, de hasta 4.000 millones de dólares (unos 3,68 mil millones de euros), y tuvieron que moderar sus ambiciones.

A pesar de este comienzo algo vacilante, los inversores han abrazado a CoreWeave con un entusiasmo desbordante, ávidos de encontrar nuevas formas de capitalizar el auge de la IA. Desde su debut bursátil, las acciones de la compañía han experimentado una subida de casi el 300%. Este rendimiento estelar es lo que ha catapultado la fortuna personal de Intrator, cuyo patrimonio neto supera ya los 10.000 millones de dólares, según cálculos de Bloomberg.

El modelo de negocio de CoreWeave: un gigante con pies de barro

CoreWeave se ha posicionado como una pieza clave en el ecosistema de la IA. Su negocio consiste en ofrecer servicios en la nube altamente especializados para el entrenamiento y la inferencia de modelos de inteligencia artificial. Para ello, ha acumulado un enorme arsenal de las codiciadas Unidades de Procesamiento Gráfico (GPU) de Nvidia, el hardware esencial para estas tareas computacionalmente intensivas.

La empresa parece, al mismo tiempo, un éxito rotundo y un castillo de naipes. Por un lado, sus cifras de ingresos son impresionantes. Solo en el primer trimestre de 2025, la compañía facturó casi 1.000 millones de dólares (concretamente 985 millones, o unos 906 millones de euros). Por otro lado, esa misma declaración financiera revelaba una pérdida neta de 315 millones de dólares (unos 290 millones de euros).

La raíz de esta aparente contradicción reside en su modelo de financiación. CoreWeave pide préstamos utilizando sus valiosas GPUs como garantía para poder comprar más. Es un ciclo de endeudamiento que la OPV no fue lo suficientemente grande como para romper. A marzo de 2025, la empresa acumulaba una deuda de aproximadamente 8.800 millones de dólares (unos 8,1 mil millones de euros), con algunos préstamos que alcanzan tipos de interés de hasta el 15%. Esta arriesgada estrategia financiera no ha disuadido a los inversores, que siguen apostando fuerte por su potencial de crecimiento.

Alianzas estratégicas y un futuro ambicioso

La viabilidad de CoreWeave se sustenta en una red de alianzas estratégicas y clientes de primer nivel. Su relación con Nvidia es fundamental; el gigante de los semiconductores no solo es un inversor clave, sino que su apoyo le facilita el acceso a un suministro constante de GPUs, un recurso escaso y muy demandado. De hecho, Nvidia aumentó su participación en la compañía tras la salida a bolsa, una clara señal de confianza.

Entre sus clientes se encuentran dos de los nombres más importantes del mundo tecnológico: Microsoft y OpenAI. Este último firmó un acuerdo para comprar servicios de CoreWeave por valor de 12.000 millones de dólares (unos 11,04 mil millones de euros), de los cuales todavía quedan por ejecutar unos 11.000 millones, asegurando un flujo de ingresos masivo a futuro.

Mirando hacia adelante, CoreWeave no parece conformarse. Informes recientes sugieren que la empresa está en conversaciones para adquirir a su competidor Core Scientific, un movimiento que consolidaría aún más su posición en el mercado de la infraestructura para IA.

De un ‘cripto-bro’ a magnate de la IA: los humildes orígenes de la empresa

Quizás la parte más fascinante de esta historia es el origen de la compañía. Michael Intrator, junto a sus cofundadores Brian Venturo y Brannin McBee, no provienen del mundo académico de la IA, sino del volátil sector de las criptomonedas. La empresa nació de las cenizas de su anterior proyecto, un fondo de cobertura (hedge fund) que fracasó.

Buscando una forma rápida de generar ingresos, se lanzaron a la minería de criptomonedas. Lo que empezó con unas cuantas GPUs en un armario se convirtió rápidamente en miles de ellas operando en un almacén en Nueva Jersey. Fue entonces cuando, en un giro visionario, decidieron experimentar con el entrenamiento de modelos de lenguaje de código abierto junto al grupo EleutherAI. Esta experiencia, como detalló previamente a TechCrunch el cofundador Brian Venturo, fue el catalizador que los llevó a pivotar completamente su negocio hacia la inteligencia artificial.

Una fortuna no solo en papel

Aunque el patrimonio de los fundadores se ha disparado gracias al valor de sus acciones, su riqueza no es meramente teórica. Antes incluso de la salida a bolsa, los tres fundadores ya habían asegurado una fortuna considerable. Según un informe de TechCrunch, cada uno de ellos cobró más de 150 millones de dólares (unos 138 millones de euros) mediante la venta de una parte de sus acciones en rondas de financiación privadas.

En definitiva, CoreWeave se ha convertido en un símbolo de la industria de la IA en 2025: una historia de ingresos masivos, un crecimiento vertiginoso y un entusiasmo inversor sin límites, todo ello construido sobre una necesidad insaciable de más recursos computacionales. La empresa, contactada para este artículo, declinó hacer comentarios adicionales.