La compañía de inteligencia artificial OpenAI ha emitido una contundente declaración pública en la que condena y se desvincula por completo de la reciente iniciativa de la plataforma de inversión Robinhood de ofrecer los llamados «tokens OpenAI». En un mensaje claro y directo, OpenAI ha advertido a los inversores de que estos productos financieros no representan capital social de la empresa y que la compañía no ha participado ni aprobado su creación.
El enfrentamiento pone de manifiesto la creciente tensión entre el hermético mundo de las startups tecnológicas de alto valor y el apetito de los mercados minoristas por participar en su crecimiento antes de que salgan a bolsa. Mientras Robinhood defiende su producto como un paso hacia la democratización financiera, OpenAI ha dejado clara su postura para proteger la integridad de su estructura de capital.
«No son capital de OpenAI»: La contundente advertencia del gigante de la IA
La respuesta de OpenAI no se hizo esperar. A través de una publicación en su cuenta oficial de noticias en la red social X, la empresa detrás de ChatGPT quiso atajar de raíz cualquier posible confusión sobre la naturaleza de los tokens ofrecidos por Robinhood.
«Estos ‘tokens de OpenAI’ no son capital social de OpenAI», sentenciaba el comunicado. «No nos hemos asociado con Robinhood, no hemos estado involucrados en esto y no lo respaldamos. Cualquier transferencia de capital de OpenAI requiere nuestra aprobación; no hemos aprobado ninguna transferencia. Por favor, tengan cuidado».
Esta declaración, de una claridad inusual en el sector tecnológico, busca proteger tanto a la empresa como a los inversores minoristas, subrayando que la compra de estos tokens no otorga ningún tipo de propiedad, derecho a voto o participación en los beneficios de la compañía, a diferencia de lo que ocurriría con la posesión de acciones reales.
La ambiciosa apuesta de Robinhood por la tokenización
La controversia surge a raíz del anuncio de Robinhood a principios de esta semana sobre el lanzamiento de un nuevo producto para sus clientes en la Unión Europea: la venta de acciones tokenizadas de algunas de las empresas privadas más codiciadas del mundo, como OpenAI y SpaceX.
El objetivo declarado de Robinhood es ofrecer a los inversores particulares una forma de obtener exposición al valor de estas compañías, que normalmente está reservado para grandes fondos de inversión e inversores acreditados. La idea tuvo una acogida espectacular en los mercados, provocando que las acciones de Robinhood se dispararan hasta alcanzar un máximo histórico horas después del anuncio.
Sin embargo, la clave del producto, y el origen de la disputa, reside en su estructura. Como aclara la propia plataforma en su centro de ayuda, «al comprar cualquiera de nuestros tokens de acciones, no estás comprando las acciones reales, sino contratos tokenizados que siguen su precio, registrados en una blockchain». En esencia, es un derivado financiero cuyo valor está vinculado al de la acción, pero sin ser la acción misma.
El mecanismo detrás de la oferta: ¿Qué es un SPV?
Para sortear la restricción de que las acciones de empresas privadas no son de acceso público, Robinhood ha recurrido a una estructura financiera compleja. En declaraciones a la publicación especializada TechCrunch, una portavoz de Robinhood, Rouky Diallo, explicó que los tokens ofrecen a los inversores una «exposición indirecta» a través de la participación que Robinhood posee en un Vehículo de Propósito Especial (SPV, por sus siglas en inglés).
Un SPV es una entidad legal creada para un fin específico y limitado, en este caso, para poseer acciones de OpenAI. Por lo tanto, la cadena de propiedad es la siguiente:
- El inversor minorista compra un token de Robinhood.
- El valor de ese token está vinculado a la participación de Robinhood en un SPV.
- Ese SPV es el que posee legalmente un número determinado de acciones de OpenAI.
Esta estructura significa que el inversor está a varios niveles de distancia de la propiedad real. Además, como señala un análisis previo de TechCrunch, los precios de las participaciones en un SPV no siempre se corresponden directamente con el valor de las acciones subyacentes, lo que añade una capa adicional de riesgo y complejidad.
Robinhood defiende su «revolución» inversora
A pesar de la condena de OpenAI, el CEO de Robinhood, Vlad Tenev, defendió públicamente su estrategia. En una publicación en X, Tenev admitió la distinción técnica, pero insistió en el valor práctico de su oferta.
«Si bien es cierto que técnicamente no son ‘capital social’ […] los tokens dan efectivamente a los inversores minoristas exposición a estos activos privados», escribió. «Nuestra promoción planta una semilla para algo mucho más grande, y desde nuestro anuncio hemos escuchado a muchas empresas privadas que están ansiosas por unirse a nosotros en la revolución de la tokenización».
La postura de Robinhood es que, aunque no sea una propiedad directa, su producto es una herramienta válida y novedosa para que el público general pueda beneficiarse del crecimiento de gigantes tecnológicos antes de que coticen en bolsa. Sin embargo, la compañía no respondió a preguntas adicionales de TechCrunch sobre la estructura específica de su SPV.
El celo de las empresas privadas por controlar su capital
La reacción de OpenAI no es un caso aislado. Las empresas privadas, especialmente las de alto crecimiento y valoración como OpenAI, son extremadamente celosas a la hora de controlar quién posee sus acciones y cómo se valora su capital. La venta no autorizada de participaciones, incluso de forma indirecta, puede generar volatilidad en la percepción de su valor y complicar futuras rondas de financiación o una eventual salida a bolsa.
Un ejemplo reciente, citado por TechCrunch, es el de la startup de robótica humanoide Figure AI. La compañía envió cartas de cese y desistimiento a dos brókeres de mercados secundarios que estaban comercializando sus acciones sin permiso. Aunque las situaciones son diferentes, el principio es el mismo: las startups quieren tener la última palabra sobre cualquier transacción que implique su capital.
El choque entre OpenAI y Robinhood deja a los inversores en una posición delicada. Por un lado, una oferta innovadora que promete acceso a un mercado exclusivo; por otro, la advertencia directa de la propia empresa cuyo valor se pretende «tokenizar». La disputa marca un nuevo capítulo en la constante evolución de los mercados financieros, donde la tecnología busca abrir puertas que, hasta ahora, permanecían firmemente cerradas.






