La esperada incursión en el hardware de OpenAI, en colaboración con el legendario diseñador Jony Ive, ha ofrecido sus primeros detalles concretos. Sin embargo, la información no ha llegado a través de un evento de presentación o un comunicado de prensa, sino de la forma más inesperada: documentos judiciales de un pleito por una marca registrada. Gracias a esta disputa legal, ahora sabemos que el primer dispositivo de inteligencia artificial de este tándem no será un «wearable» (dispositivo ponible) ni un auricular «in-ear». Además, su lanzamiento se retrasa y no se producirá hasta, como mínimo, el año 2026.
Una disputa legal destapa el proyecto más secreto de Silicon Valley
La fuente de esta revelación es un litigio entre la startup de audio Iyo y el equipo de hardware de consumo de OpenAI, conocido hasta hace poco como io. Según informa Alex Heath en The Verge, Iyo demandó a OpenAI por infracción deliberada de su marca registrada. La startup, que trabaja en un auricular de alta tecnología publicitado como «el primer ordenador de audio del mundo», consiguió una orden de restricción temporal que obligó a OpenAI a eliminar todas las referencias públicas a la marca «io» de sus comunicaciones.
Para respaldar su caso, Iyo presentó correos electrónicos que, según alegan, demuestran que figuras clave de OpenAI, incluido su CEO Sam Altman, no solo conocían la existencia de la marca Iyo, sino que habían mostrado interés en su producto. En su defensa, el equipo de OpenAI presentó declaraciones juradas para argumentar su postura, y son precisamente estos documentos los que han arrojado luz sobre sus planes de hardware.
Descartando formatos: ni ‘wearable’ ni auricular
La información más contundente proviene de una declaración jurada fechada el 16 de junio y firmada por Tang Tan, director de hardware de «io» y antiguo líder de diseño en Apple. En el documento, Tan afirma de manera inequívoca: «Su diseño aún no está finalizado, pero no es un dispositivo intraauricular (in-ear), ni un dispositivo ponible (wearable)».
Esta aclaración es crucial, ya que las especulaciones iniciales apuntaban precisamente hacia un formato similar al de otros dispositivos de IA que han surgido recientemente, como el AI Pin de Humane o el R1 de Rabbit. Curiosamente, informes anteriores de The Verge señalan que Jony Ive se mostró muy crítico con estos productos, calificándolos de «malos productos». La decisión de evitar estos formatos podría ser un intento deliberado de diferenciarse y aprender de los errores de sus predecesores.
Además, Tang Tan confirmó que la espera para ver este nuevo producto será larga. «El prototipo al que Sam Altman hizo referencia [en un vídeo] está a un año, como mínimo, de ser puesto a la venta», declaró, situando el posible lanzamiento en 2026 o incluso más tarde.
Un proceso de exploración exhaustivo
Aunque el primer producto no encaje en la categoría de audio, los documentos judiciales revelan que el equipo «io» la exploró a fondo. La oposición de OpenAI a la demanda de Iyo detalla un meticuloso proceso de investigación y prototipado.
«Durante muchos meses después de su fundación, ‘io’ examinó las ofertas comerciales existentes y participó en ejercicios de creación de prototipos, mientras consideraba una amplia gama de factores de forma, incluyendo objetos de escritorio y móviles, inalámbricos y con cable, ponibles y portátiles», se lee en el escrito. Como parte de este esfuerzo, el equipo adquirió «una amplia gama de auriculares de botón, audífonos y al menos 30 modelos de auriculares diferentes de diversas compañías».
La seriedad con la que se tomaron el formato de audio queda patente en un correo electrónico interno, aportado como prueba, donde un empleado de «io», Marwan Rammah, sugería a Tang Tan la compra de escaneos 3D de orejas humanas «como un punto de partida útil para la ergonomía». Este nivel de detalle es un sello distintivo del método de trabajo de Jony Ive, conocido por su obsesión por la forma y la función durante su etapa en Apple.
«Estoy trabajando en algo competitivo»
El papel de Sam Altman en esta historia es igualmente revelador. Los documentos del caso incluyen un intercambio de correos de principios de marzo entre Altman y la startup Iyo. Tras una oferta para que Altman invirtiera personalmente en su compañía, el CEO de OpenAI respondió de forma tajante y directa: «¡Gracias, pero estoy trabajando en algo competitivo, así que pasaré respetuosamente!».
Esta respuesta no solo confirma que Altman era plenamente consciente de la existencia de Iyo y su producto, sino que también sirve como una pieza clave para la acusación de Iyo, que sostiene que OpenAI procedió a usar una marca confusamente similar a pesar de conocer a su competidor. Para el público, esta frase es la confirmación más clara de que OpenAI se toma muy en serio su entrada en el mercado del hardware de consumo.
El contexto de una colaboración multimillonaria
Este proyecto no es un experimento menor para OpenAI. La compañía adquirió formalmente el equipo «io» del estudio de diseño LoveFrom de Jony Ive, en un acuerdo valorado en 6.500 millones de dólares (unos 6.050 millones de euros). Esta enorme inversión subraya la ambición de OpenAI por crear un ecosistema que no dependa exclusivamente del software ni de los dispositivos de terceros, como los smartphones o los ordenadores.
La participación de Jony Ive, el genio detrás del diseño de productos icónicos como el iMac, el iPod, el iPhone y el Apple Watch, genera unas expectativas altísimas. Su reputación se basa en la creación de dispositivos que no solo son estéticamente agradables, sino que definen categorías de producto enteras y cambian la forma en que los usuarios interactúan con la tecnología.
Por ahora, el misterio sobre la forma final del dispositivo persiste. Si no es un «wearable» ni un auricular, ¿qué podría ser? Las posibilidades van desde un dispositivo de sobremesa para el hogar hasta una nueva categoría de objeto portátil. Lo único seguro es que, gracias a una batalla legal por una marca, el mundo de la tecnología ha recibido un adelanto fascinante de uno de sus proyectos más esperados, aunque también la confirmación de que la paciencia será una virtud necesaria.






