SoftBank explora la creación de un complejo industrial de IA y robótica de un billón de dólares

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El conglomerado tecnológico japonés SoftBank Group, liderado por su carismático fundador Masayoshi Son, está estudiando una de las iniciativas más ambiciosas en la historia reciente de la tecnología: la creación de un complejo industrial de inteligencia artificial (IA) y robótica valorado en la asombrosa cifra de un billón de dólares (aproximadamente 930.000 millones de euros). Este megaproyecto, que aún se encuentra en una fase conceptual, busca no solo competir en el mercado de la IA, sino redefinir la infraestructura que la sustenta, posicionando a Japón en la vanguardia de una nueva revolución industrial.

La visión de Son trasciende el desarrollo de software o algoritmos. Según un informe publicado por Nikkei Asia, el plan abarca la construcción de los cimientos físicos de la era de la IA, incluyendo centros de datos de última generación, nuevas redes eléctricas capaces de soportar la ingente demanda energética de la IA, y fábricas y cadenas de producción impulsadas por robótica avanzada. En el corazón de esta estrategia se encuentra Arm, la empresa británica de diseño de chips controlada por SoftBank, que proporcionaría la tecnología fundamental para todo el ecosistema.

Una visión para la revolución industrial de la IA

Masayoshi Son ha expresado en repetidas ocasiones su convicción de que la inteligencia artificial representa un punto de inflexión comparable a la propia revolución industrial. Para él, la adopción masiva de esta tecnología no es una opción, sino una necesidad imperativa para que Japón supere décadas de estancamiento económico y evite caer en la irrelevancia a nivel global. «Japón necesita abrazar la IA o se convertirá en un país en declive», es el mensaje que Son ha transmitido en círculos internos, según la citada fuente.

Este monumental proyecto pretende ser la respuesta a ese desafío. A diferencia de otras grandes tecnológicas que se centran principalmente en los modelos de lenguaje o las aplicaciones de software, la propuesta de SoftBank es holística. Pretende controlar toda la cadena de valor, desde el diseño de los semiconductores hasta la infraestructura energética que los alimenta y las aplicaciones robóticas que los utilizan. Se trata de un enfoque de integración vertical a una escala nunca antes vista, con el objetivo de crear un ecosistema autosuficiente y líder mundial en inteligencia artificial.

La iniciativa, de llevarse a cabo, podría remodelar no solo el panorama tecnológico, sino también el industrial y energético, marcando el regreso de SoftBank a las grandes apuestas estratégicas tras un periodo de cautela.

Arm: el corazón del megaproyecto

La pieza central de este ambicioso tablero es, sin duda, Arm Holdings. SoftBank adquirió la compañía británica en 2016 y, tras un intento fallido de venta a Nvidia, la sacó a bolsa con un éxito rotundo en 2023. El espectacular rendimiento de las acciones de Arm desde entonces ha revitalizado la fortuna de SoftBank y ha dado a Masayoshi Son la confianza y los recursos para volver a pensar a lo grande.

Arm no fabrica chips, sino que diseña la arquitectura de los mismos, licenciando su tecnología a gigantes como Apple, Qualcomm y la propia Nvidia. Su eficiencia energética la ha convertido en la arquitectura dominante en el mercado de los teléfonos móviles, y ahora está ganando terreno en los centros de datos, un componente crucial para el desarrollo de la IA.

La visión de Son es que Arm sea el motor tecnológico que impulse todo el complejo industrial. Sus diseños de chips serían la base para los nuevos superordenadores y centros de datos dedicados a la IA, así como para los robots y dispositivos autónomos que poblarían las fábricas del futuro. La sinergia sería total: SoftBank impulsaría la demanda de tecnología Arm a través de sus propias inversiones masivas en infraestructura.

Proyecto Izanagi: el precursor de 100.000 millones de dólares

La idea de un complejo industrial de un billón de dólares no ha surgido de la nada. Es la evolución de un plan anterior, más enfocado pero igualmente ambicioso, conocido internamente con el nombre en clave de «Proyecto Izanagi». Según informó Bloomberg en febrero, Son buscaba recaudar hasta 100.000 millones de dólares (unos 93.000 millones de euros) para crear una empresa de chips de IA.

El objetivo de Izanagi, que lleva el nombre del dios creador de la mitología japonesa, era claro: competir directamente con Nvidia, el actual dominador absoluto del mercado de semiconductores para inteligencia artificial. La idea era crear una empresa que complementara a Arm, utilizando sus diseños para fabricar chips de alto rendimiento que pudieran desafiar el cuasi monopolio de Nvidia.

La estructura de financiación que se barajaba para Izanagi, según fuentes citadas por Reuters, contemplaba una aportación de 30.000 millones de dólares (unos 27.900 millones de euros) por parte de SoftBank, mientras que los 70.000 millones de dólares restantes (unos 65.100 millones de euros) provendrían de inversores institucionales, principalmente de Oriente Medio. Aunque el estado actual del Proyecto Izanagi no está claro, parece haber servido como base para la visión mucho más amplia que ahora se plantea.

La búsqueda de financiación y los próximos pasos

Un proyecto de un billón de dólares es una empresa colosal que ninguna compañía, ni siquiera SoftBank, puede acometer en solitario. La búsqueda de socios financieros será, por tanto, el factor determinante para que esta visión se convierta en realidad. Al igual que con el Proyecto Izanagi, se espera que SoftBank recurra a grandes fondos soberanos y a inversores de Oriente Medio, con quienes Masayoshi Son ha forjado estrechas relaciones a través de su Vision Fund.

Es crucial subrayar que, por el momento, estos planes se encuentran en una fase muy preliminar. No se ha anunciado formalmente ninguna iniciativa y los detalles sobre plazos, estructura y financiación siguen siendo un esbozo. Sin embargo, marca un cambio significativo en la estrategia de SoftBank. Tras varios años en «modo defensivo» debido a las pérdidas de su fondo de inversión, la compañía, impulsada por el auge de la IA y el éxito de Arm, vuelve a adoptar una postura «ofensiva».

Si Masayoshi Son logra reunir el capital y el apoyo necesarios, esta iniciativa podría no solo transformar a SoftBank, sino también alterar el equilibrio de poder en la industria tecnológica global y dar un impulso sin precedentes a la economía japonesa. El mundo de la tecnología observa con expectación, consciente de que las visiones de Son, por audaces que parezcan, tienen un historial de cambiar las reglas del juego.